La música la puede hacer uno solo, sin necesidad de nadie más y evadirse
en cierto modo del mundo, centrando toda la atención y la motricidad en hacer
sonar lo que tengas entre manos. Esto puede ayudar a los niños a
conocer sus habilidades, sonidos, capacidad de hacer cosas nuevas, a
desarrollar la psicomotricidad(ahora toco esta tecla, ahora esta otra)… y
la música se puede hacer en grupo, con otros compañeros que también hacen
música, compartiendo tiempo y momentos con ellos, promoviendo la relación, la
coordinación, el entendimiento con los demás, etc.
Por otra parte, con un poco de imaginación, la música puede servir para
otorgar valor o diversión a tareas que los niños deben hacer. Por ejemplo, si
tienen que hacer ejercicios de respiración, se puede utilizar una flauta o una
trompeta imaginaria al ritmo de la música que suena (cuando respirar por
respirar de determinada manera es tremendamente aburrido). Otras tareas, como
las que conllevan memorización, ya lo sabemos todos, con una canción se
aprende mucho mejor.
¿Qué puede tratar
la musicoterapia?
La música puede ser un eje importante de actuación a la hora de tratar
de desarrollar la vertiente cognitiva de un niño, la social, la emocional o la
motriz. Por poner algunos ejemplos, con la musicoterapia se pueden tratar
retrasos del lenguaje, retrasos madurativos, problemas emocionales, de
conducta, de aprendizaje, falta de habilidades sociales, retraso mental,
parálisis cerebral, síndrome de Down, autismo, etc.
Pero evidentemente no tiene por qué tratar algo concreto, sino que puede
utilizarse con cualquier niño (y adulto), porque la diversión es algo
que no puede negarse nunca a nadie y, si además sirve para estimular y para
generar aprendizaje, todos deben poder hacer uso de la música si quieren.